Cuentos

Aqui encuentras todos los cuentos que deseas leer una y otra vez

Edades Por Enrique Pinti

A lo largo de nuestra existencia compramos y vendemos frases hechas y sentencias aparentemente exactas que tratan de explicar lo inexplicable: la vida, ese camino nada fácil que todos sabemos cuando empezó y ninguno tiene la certeza de cuando llegará el final. Pasamos por etapas, edades, tropiezos, logros, fracasos, alegrías y tristezas y cuando niños oímos a nuestros mayores diciéndonos que estábamos pasando por la mejor época de nuestra vida, que teníamos todo por delante y que debíamos estudiar para llegar a lo que son ellos. O sea, adultos estresados llenos de ambiciones que si son pobres, desean ser ricos, y si son ricos, viven con miedo a perderlo todo en operaciones bursátiles desastrosas, corralitos, inflaciones, secuestros extorsivos y demás calamidades. Mayores hartos de la rutina si tienen trabajo y desesperados por las necesidades si no lo tienen. Y uno, niño pero no tonto, no ve mucha ventaja en llegar a esos picos de depresión, ansiedad o estrés. Por otra parte, el niño no la pasa del todo bien entre escuela, mandatos paternales o desidia e indiferencia del grupo familiar, miedos, deseos reprimidos de algo que no se sabe bien que es pero que se intuye como fundamental, o sea el viejo y querido sexo que puede despertar en el púber una sensación entre la agonía y el éxtasis. El adolescente lleno de granos, cambios de voz, revoluciones glandulares y desconcierto va de la euforia a la depresión muy velozmente y comienza a creer que el mundo está en su contra, que los mayores se han puesto de acuerdo para perseguirlo y no comprenderlo, y sigue escuchando a los veteranos añorar sus tiempos mozos con suspiros y frases como ¡juventud, divino tesoro, te fuiste para no volver! Y de pronto, un día, sin haber tomado conciencia del paso del tiempo, llegamos a los veintipico, a los treinta y a los cuarenta con sus balances peligrosos de revisar nuestra vida y llegar a la conclusión fatal de que ¡ojalá tuviera veinte años otra vez! Y comenzamos con la cantinela de la juventud como la mejor edad que pasó tan rápido y no la supimos aprovechar.
 
Entonces comienza la valoración de la experiencia y empezamos a propagandear las ventajas de ser maduros, decimos que todos tenemos veinte años en un rincón del corazón y emplomamos a los más chicos con ustedes no saben vivir. ¡Ya van a ver cuando tengan mi edad! ¡Qué saben ustedes, pendejitos, de la vida y sus misterios! Y entre pilates, cirugías, métodos desoxidantes y tratamientos rejuvenecedores vamos gambeteando a la vejez que se aproxima con achaques y episodios de confusión, sorderas, miopías y reumas impiadosos.
 
El tiempo vuela y llega el momento en el que nada nos viene bien. Es hora de decir que el mundo moderno es una porquería, que valores eran los nuestros y que el fin de la humanidad se acerca junto con los jinetes del apocalipsis, ignorando (o haciendo como que ignoramos) que la peste, la guerra y el hambre son mucho más viejos que nosotros y que el apocalipsis viene anunciándose hace siglos en la voz de ancianos barbudos y venerables, que con sus predicciones algo difusas y confusas nos llenan de inquietud y desesperación.
 
Uno trata de consolarse con pensamientos más sensatos y racionales (evaluando cada etapa vital en su justo término, cuidando lo aprendido, superando escollos sin ceder ni al mesianismo ni al fanatismo fundamentalista) y con llegar a la conclusión de que cuanto más se vive más se puede aprovechar lo malo y lo bueno para cambiar lo que ha sido perjudicial y defender lo que hayamos hecho bien en cada edad, en cada etapa, en cada capítulo de nuestro paso por el mundo.
 
Es importante no contarse cuentos ni creerse más de lo que uno es. Cada vida vale por si misma y no todos llegarán a cumplir todo lo que soñaron, pero si la lucha existió y fue por años sentido de vida la sensación deberá ser de satisfacción y no de amargura. Todas las edades son buenas para el milagro y no estará dicha la última palabra mientras haya vida y esperanzas. El niño, el joven, el maduro y el viejo forman una cadena vital y complementaria donde todos son importantes. Deberíamos vivir cada etapa con la sensación de ser útiles y respetables..
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