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Miguel y su perro Capitan eran inseparables‏

“Creo que los animales ven en el hombre un ser igual a ellos que ha perdido de forma extraordinariamente peligrosa el sano intelecto animal, es decir, que ven en él al animal irracional, al animal que ríe, al animal que llora, al animal infeliz”, definió sabiamente Friedrich Nietzsche


12 de septiembre 2012. Miguel y “Capitán”, su perro eran inseparables. El cariño que se profesaban era inconmensurable. Compañeros desde el primer día que la mascota llegó a su hogar en Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba, salían a recorrer las calles, acompañándose, divirtiéndose y fundamentalmente, disfrutando el uno del otro.
En marzo de 2006, Miguel falleció y a los pocos días de la muerte de su dueño, Capitán se escapó de su casa. Su familia quedó desconsolada, creyeron que su mascota se había perdido o bien, estaría en la casa de algún vecino que lo habría adoptado.
Capitán no pudo tolerar la perdida de su amo, y desde su fallecimiento no lo volvieron a ver. Pero, la vida que tantas veces creemos lineal y previsible le depararía una gran sorpresa esta familia.
Cuando Verónica, la esposa de Miguel, y su hijo de 13 años fueron al cementerio se encontraron con lo inesperado: allí al lado de su dueño estaba Capitán. El niño rompió en llanto y lo llamó a su encuentro. La mascota corrió hacia él y la familia celebró este entrañable reencuentro. Capitán no se había perdido, estaba acompañando a Miguel, en una unión que trascendió la vida misma. Tan inexplicable como coherente, ya que existen amores que van más allá de todo entendimiento, de toda razón y lógica.
La historia fue publicada hoy por el diario cordobés La Voz del Interior y estremeció a la Argentina. Tras conocerse la noticia, Verónica reveló que no pudieron llevarse a Capitán de nuevo a su hogar. Intentaron que regrese de todas las formas posibles, con el fin de no dejarlo a la intemperie y que vuelva a su casa. Pero no hubo manera, el perro se mantuvo firme junto a la lápida de su dueño.
Uno de los grandes interrogantes que se hace la familia de Miguel, es ¿cómo supo Capitán el destino final de los restos de su dueño? Verónica declaró a distintos medios de comunicación que cuando su esposo falleció su cuerpo fue trasladado del hospital a una casa velatoria y desde allí el cortejo fúnebre se dirigió directamente al cementerio. Nunca pasaron por su casa y ningún perro recorrió ese camino. Un mágico misterio, que todavía nadie puede responder desde la racionalidad humana. Capitán supo exactamente cual era el cementerio y la lápida en dónde descansaba su dueño y desde entonces es su fiel guardián. La familia de Miguel concurre todos los días al cementerio para alimentar a la mascota y sin éxito, siguen intentando regresarlo a su hogar. Capitán ya eligió su misión y es estar al lado de su amado dueño, como lo hizo en la vida y ahora en la trascendencia infinita.
Mientras la especie humana se jacta de su racionalidad absoluta, de levantar la bandera de la incredulidad como estandarte y de excusarse con énfasis de la ausencia de tiempo y voluntad para cuidar a su prójimo, en un cementerio de Carlos Paz, un perro da el ejemplo. Fidelidad, lealtad, solidaridad absoluta, bondad, altruismo, compañerismo y amor genuino, los pilares de una historia entre un amo y su dueño que ni la muerte pudo quebrar.

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